Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 5 de agosto de 2007 Num: 648

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Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

En La Patrona
LIZZETTE ARGÜELLO

Un rostro
TITOS PATRIKIOS

Con y sin Asturias
JAVIER GALINDO ULLOA entrevista con OTTO-RAÚL GONZÁLEZ

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Hugo Gutiérrez Vega

"PIORAS MUNICIPALES"

Los ancianos, por nostalgia, deseo de vida, desasosiego o vaya usted a saber por cuántas cosas, refunfuñamos cuando nos cambian los paisajes urbanos conocidos y, sobre todo, cuando, como decía Margarito Ledesma, los gobiernos municipales llevan a cabo, con bobo entusiasmo, una serie de "pioras" que dañan el rostro de las ciudades.

Hace poco fui a Querétaro (yo siempre voy a Querétaro) y me encontré en varios atrios de iglesias y otros espacios públicos, unos macetones de algún misterioso material plástico negro que destrozaban la belleza de la cantera desnuda o dañaban seriamente algunos edificios. Me llamó la enfurecida atención una de esas macetas absurdas que cubría por completo la perspectiva de uno de los pilares barrocos de la Casa de Ecala (recordemos que la ventana en la cual la cantera toma las formas de la tela, figura en muchos libros sobre el alma del barroco y sus juegos con los materiales). Los tales macetones son una "piora" que el inha dejó pasar sin la menor protesta. Esto no me extraña, pues la delegación del Instituto ha permitido que unos taberneros de lujo –o de medio pelo– se apoderen del Portal Bueno, lugar ideal para que el pueblo se refugie de la lluvia, mientras que otros fonderos se han robado un buen trozo de la Plaza de Armas, para colocar sus mesas y sus rejas que impiden el paso de los viandantes. Algún despistado comentaba que esas cosas pasan en muchas ciudades europeas y mexicanas. Es cierto, pero los bares callejeros no impiden el paso de los peatones con las rejas metálicas que ostentan con prepotencia los dueños de las fondas de nuestra Plaza Mayor.

La antigua Plaza de la Constitución, que nunca valió mayor cosa con sus pilares con letras metálicas que día con día disminuían, y con su Carranza monstruoso (la escultura civil de todo el país es generalmente lamentable), es ahora una extraña mezcla de parterres con hermosas flores, de arbotantes que tienen forma de paleta de dulce y de una fuente sin sentido, pero que divierte a los niños, rompe toda la perspectiva de la Academia, lugar de nuestras desgracias territoriales y de inolvidables conciertos y, para mayor desgracia, el inah permitió que en una de sus esquinas se levantará la fábrica chata y vulgar de un oxxo. Esto ya –perdón por el coloquialismo–, no tiene madre. La unesco debería tomar cartas en el asunto y vigilar a las ciudades que ha nombrado Patrimonio de la Humanidad.

No hace falta insistir en que nuestro Querétaro debería ser conocido con el nombre de Cabletaro. La maraña de cables de todos colores cubre la ciudad y, como en el caso de la Parroquia de Santiago, anula un buen porcentaje de la visión de los edificios y templos. Tengo entendido que la empresa del cableado oculto se ha vuelto algo chusco. La unesco ha dado dinero para que se lleve a cabo la obra imprescindible, pero muchas cosas conspiran contra el proyecto. A saber, las negativas de la empresa del señor Slim y los problemas del drenaje. Los queretanos sabemos que cuando llueve copiosamente, las aguas negras se salen a las calles y dejan, por un buen rato, un olor a excremento que afecta a una buena parte del centro de la ciudad.

Por último, varias esculturas pretendidamente modernas, de Leonardo Nierman, dañan la vista del atrio y de la escalera mayor de San Agustín. Me dicen que el artista las donó a la ciudad (sin duda en venganza de algo que le pasó por estos pagos). Además de que su valor estético es altamente discutible, nada tienen que hacer en una de las joyas de nuestro barroco (no faltó el mentecato que sostuviera que lo que se buscaba era hacer un contraste, tal y como lo logró el gran arquitecto Pei con su pirámide de cristal en el corazón del Louvre). "Cosas veredes..." decía nuestro señor Don Quijote. En fin no quiero abrumarlos con estos refunfuños que nacen de mi amor y mi admiración por la ciudad barroca. Uno mi voz a la de Lucinda y Gonzalo Ruiz Posada, infatigable defensor de la ciudad; a la de Agustín Escobar y a la de otros disgustados por las "pioras" que sufre nuestro hermoso, a pesar de todo, Cabletaro.

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