Sociedad y Justicia
Ver día anteriorMartes 26 de mayo de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio

Si hubiera apoyo, se habría respondido a la epidemia de manera más eficaz: Narro Robles

Pérdidas por influenza, mayores a inversión en ciencia y educación

Exige el rector de la UNAM un incremento considerable de recursos para el sector

El monto de los daños equivale al presupuesto de la universidad de tres años

Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Martes 26 de mayo de 2009, p. 36

El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles, señaló que el costo económico para el país de la epidemia de influenza A/H1N1 es, por mucho, superior a la inversión que se realiza en educación, ciencia y tecnología. Por ello demandó al gobierno federal elevar considerablemente el presupuesto para esos rubros, porque son una necesidad y no un lujo.

Al participar en el taller Más allá de la influenza… ¿qué? Las respuestas a los alumnos, Narro advirtió que la sociedad en su conjunto y los poderes públicos deben entender que la investigación científica es una verdadera necesidad y no un lujo.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se calcula que la epidemia costará 0.5 por ciento del producto interno bruto (PIB), esto es, más de 60 mil millones de pesos, cantidad que equivale al presupuesto de tres años de la máxima casa de estudios.

Durante la sesión de preguntas y respuestas, en la que participaron estudiantes y padres de familia, el rector se mofó de quienes consideraron que la corbata es un reservorio de virus y llamó a rechazar pensamientos mágicos que no se basan en la ciencia.

Debemos tener mucho cuidado con el pensamiento mágico, no racional. Es muy fácil caer en la tentación de culparla (a la corbata). ¿Qué hacer para no culparla? No sonarse con ella, no meterla a la sopa, dejarla al sol tres días y no usar la misma todos los días. Los funcionarios que cayeron en esa tentación no tenían suficiente dotación de corbatas, y eso fue lo que sucedió. El pensamiento mágico es algo que nos puede hacer muchísimo daño, agregó.

Resaltó que las instituciones de educación superior, en particular las públicas, que son las que hacen investigación, deben tener un papel más cercano para contribuir a la solución de todo tipo de problemas que enfrente el país, como sucedió con la influenza A/H1N1.

Foto
Narro Robles llamó a tener mucho cuidado con el pensamiento mágico, no racionalFoto María Meléndrez Parada

Indicó que las universidades públicas necesitan mayor apoyo presupuestal del Estado. Contamos con los recursos humanos formados debidamente, pero no con el financiamiento suficiente para la adquisición de equipos, contratación de personal científico y realización de acciones que requieren los distintos campos de la investigación.

Lamentó que los poderes públicos destinen un presupuesto bajo a investigación científica. La inversión, abundó, es muy pobre, ya que es menor a 0.4 por ciento del PIB. Destacó que si en México hubiera habido ese apoyo, se habría respondido de manera más adecuada, rápida y oportuna a la epidemia.

Hay que dar respuestas a la sociedad: académico

En su turno, Malaquías López Cervantes, de la Facultad de Medicina de la UNAM, resaltó que no se trata sólo de pedir más recursos para dichos rubros, sino que los científicos deben dar respuestas a la sociedad. La investigación debe establecer un nuevo compromiso con la sociedad. No es nada más pedir mayores recursos para comprar aparatos e instrumental, sino tenemos que dar respuestas a la sociedad.

El académico subrayó que la epidemia es una realidad a escala mundial, ya que afecta a 41 países, en los que se han presentado más de 11 mil casos, por lo que descartó las versiones de que se trata de un invento. Inclusive, dijo, el mundo ya se encuentra en la fase seis, aunque sólo falta que eso se oficialice.

El especialista aseveró que, debido a que el virus A/H1N1 se transforma y puede desarrollar resistencia a los medicamentos, es necesario que la ciudadanía no modifique los esquemas preventivos de higiene que se instauraron a raíz de la epidemia.