Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 12 de julio de 2009 Num: 749

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

De cine y literatura, el híbrido caso de Alberto Fuguet
JUAN MANUEL GARCÍA

Tensar un arco: tres poetas brasileños
JAIR CORTÉS

El pensar apasionado de Franco Volpi
ÁNGEL XOLOCOTZI YÁÑEZ

Diálogo con Franco Volpi (fragmentos)
ÁNGEL XOLOCOTZI YÁÑEZ

Luciano Valentinotti, un partisano en México
MATTEO DEAN

Elemental, querido Borges (150 aniversario de sir Arthur Conan Doyle)
RICARDO BADA

Leer

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


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El pensar apasionado de Franco Volpi

Ángel Xolocotzi Yáñez


Foto tomada de: www.fls.unipi.it

El 14 de abril de 2009 la filosofía mundial se llenó de luto. El pequeño hombre de mirada profunda que fascinaba a sus escuchas dejaba la vida, con apenas 57 años, a consecuencia de un absurdo accidente en bicicleta. Franco Volpi moría en Italia. De inmediato se difundió la noticia. La consternación fue general: Klaus Held, Jean François Courtine, Alejandro Vigo, Héctor Zagal, Félix Duque, Guillermo Hoyos, Alberto Constante Friedrich-Wilhelm von Herrmann, Jean Grondin, Rodolfo Santander y muchos otros que lo apreciaban estaban sin palabras. Era difícil creer que aquel hombre que recientemente había editado El arte de envejecer, de Arthur Schopenhauer no alcanzaría a poner plenamente en práctica tales recomendaciones. Sin embargo, los que lo conocimos coincidimos en que sin duda siguió las reglas de otro texto de Schopenhauer que había editado en 1997: El arte de ser feliz.

Franco Volpi era filósofo no sólo por vocación, sino por pasión. Su vida giró en torno al trabajo filosófico en múltiples facetas: investigador, provocador, editor, escritor, catedrático, conferenciante, traductor y pensador. Su obra trunca, que ahora pasa a ser obra completa, es un verdadero ejemplo de inquietud y constancia. Sus corazonadas siempre dieron frutos determinantes. Ya desde su tesis doctoral comenzó con fuertes provocaciones. Ninguno de los viejos alumnos de Heidegger podía aceptar que la cuasi divina radicalidad del maestro de la Selva Negra derivara de sus lecturas aristotélicas. Volpi se mantuvo firme frente a las críticas de Max Müller, Heinrich Rombach y Rudolf Berlinger. Estaba convencido de que Ser y tiempo provenía de una lectura cuidadosa de la Ética nicomaquea, de Aristóteles. Diez años después de este atrevimiento, la publicación de las primeras lecciones de Heidegger comenzó a darle la razón. Ahora, a treinta años de distancia, eso ya no está en discusión.

Vivió abriendo caminos y preparó senderos en múltiples direcciones. Muestra clara de ello son no sólo las ediciones de textos inéditos de Schopenhauer, sino también la difusión de autores latinoamericanos, como el colombiano Nicolás Gómez Dávila. No me avergüenzo si reconozco que supe de él precisamente a través de Franco. Para Volpi era imperativo dar a conocer pensamientos agudos. Si cada vez más el pensar se vuelve una excepción, lo poco que haya debe ser rescatado, sin importar de dónde provenga. Eso hacía de Franco un hombre interesado por todo en múltiples niveles: quizás en algo de eso podía esconderse alguna idea importante. La consecuencia de tal actitud era patente al convertirse el interesado en un muy apreciado dialogador. No se trataba de un académico acartonado, sino de un pensador apasionado. Quizás por ello Heidegger seguía siendo su pensador eje; compartía con él lo que ya Hannah Arendt había diagnosticado de su maestro: el pensar y el estar vivo son una y la misma cosa.

Las pasiones del pensar condujeron a Volpi a realizar obras fascinantes. Ya durante su estancia en la Universidad de Witten/Herdecke inició la coordinación de la monumental Enciclopedia de obras de filosofía que, como sabemos ahora, es una herramienta de consulta fundamental comparable con el monumental Historisches Wörterbuch der Philosophie que inició Joachim Ritter, alumno del joven Heidegger. A la par de tal empresa, Volpi llevaba a cabo su labor docente y de investigador en diversas direcciones. Por un lado preparaba de modo vivo el terreno para una mejor comprensión de la relación entre vida y obra de Heidegger. Las entrevistas que Franco realizó a Hermann Heidegger, Ernst Jünger, Hans-Georg Gadamer, Ernst Nolte y Armin Mohler son testimonios de ello. Asimismo, al ser víctima del encantamiento heideggeriano, gran parte de su trabajo lo centró en el cuidado y difusión de la obra del maestro alemán. Prueba fehaciente de ello es la coordinación y traducción de múltiples textos de Heidegger, así como la publicación de su Guida a Heidegger y un sinnúmero de artículos en revistas distribuidas por todo el mundo. De ese modo, el nombre Franco Volpi era familiar para muchos. Sin embargo, la diferencia con respecto a otros pensadores es que Franco era tan respetado como querido.

Por lo menos desde 2003 comienza a frecuentar México. Aquí en Latinoamérica se sentía en casa. Cuando recibía invitaciones de varios lugares, primero nos preguntaba si estábamos organizando algo para así darnos prioridad. Volpi tuvo la experiencia latinoamericana de otros filósofos europeos como Klaus Held, Arturo Leyte o Miguel García-Baró: aquí la filosofía no es un mero asunto académico, sino vital. Esa afortunada coincidencia agendó las visitas anuales de Volpi a nuestro país.

La muerte de Franco Volpi trunca una obra importante en ciernes. Volpi se encontraba en ese momento como Heidegger antes de Ser y tiempo o Gadamer antes de Verdad y método. Así, a pesar de ser conocido por su elocuencia y dotes de investigador, su obra principal venía en camino. Se trataba de una propuesta propia en torno a la filosofía práctica. Tal obra no aparecerá; sin embargo han quedado suficientes ideas y trabajo para recordar a Franco como a uno de los grandes filósofos. No sólo sus investigaciones sobre el aristotelismo de Heidegger, sino sus propuestas sobre el nihilismo y el compromiso práctico de la filosofía seguirán vigentes. Asimismo, su cuidado de la tradición filosófica, de Platón a Jünger, será dignificado en su ejemplaridad.

Si parte de la grandeza de un pensador no se mide sólo por lo que ha publicado, sino por los impulsos que ha dado, entonces indudablemente Franco Volpi entrará en este rango. Quedará su ausencia muy presente, pero también quedarán los caminos abiertos con sus propuestas y trabajo. Y todavía algo más: la repetida invitación de Franco a embellecer la vida, pues decía: “La vida no es bella, pero hay que hacerla bella.” Eso es motivo suficiente para agradecerle su generosidad como amigo y como pensador, y honrarlo como corresponde: pensando su obra. Adiós Franco.