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PRI: ocaso y fin de un engaño
Enrique Calderón Alzati
L

a frase merezco la abundancia en uno de los diarios encontrados según se dice en la ciudad de Córdoba, me remitió a la noticia de los niños con cáncer, tratados en hospitales públicos de Veracruz con agua destilada en lugar de la quimioterapia vital, como consecuencia de los niveles de corrupción alcanzados por el gobierno de Javier Duarte, y un solo pensamiento ocupó mi mente: ¡Nunca más debemos permitir que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se presente en una elección! ¿Cómo es posible aceptar gobiernos de un partido cuyos líderes y dirigentes han llegado a tales niveles de corrupción? ¿Cómo ha llegado el Partido de la Revolución Mexicana, de la cual surgió la Constitución de 1917, a convertirse en el monstruo generador de estos crímenes?

En artículos anteriores había descrito ya el comportamiento cínico de este oscuro personaje, que amparado por el presidente como un ejemplo del nuevo PRI hizo de Veracruz un territorio sin leyes; varias semanas han transcurrido sin que este delincuente haya sido detenido, confirmando así la complicidad del presidente, quien es otro de los nuevos valores del PRI. De comprobarse el delito cometido en agravio de los niños enfermos, el presidente estará envuelto en hechos comparables con los cometidos por Adolfo Hitler, para eliminar a los débiles y enfermos en la Alemania nazi.

En un discurso en el que el presidente Adolfo López Mateos anunció la nacionalización de la industria eléctrica de México el 27 de septiembre de 1960, expresó: ...Pueblo de México, los dispenso de toda obediencia a futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la nación (...) Sólo un traidor otorga los bienes del país a extranjeros (...) La Constitución es muy clara; los recursos energéticos y los yacimientos petroleros son ¡a perpetuidad propiedad única y exclusiva del pueblo de México!

¿Cómo ha sido posible que el mismo partido surgido de la Revolución Mexicana haya llegado al extremo de postular como candidato a la Presidencia a un hombre con altos visos de autoritarismo y corrupción, calificado de traidor por otro presidente de la República? ¿En dónde quedaron los principios establecidos en la Constitución de 1917, que plasmaban el derecho al trabajo, a la educación y a la tierra para los trabajadores agrícolas? ¿Qué ha sido de nuestra soberanía y de la propiedad de los yacimientos petroleros y mineros que constituían el patrimonio de la nación?

La historia de esta transformación es larga, mencionaré por ello sólo algunos hechos importantes relacionados con este proceso. El primero de ellos es la utilización del nombre Partido Revolucionario Institucional por grupos políticos que con intereses opuestos a los principios de la Revolución fueron escalando posiciones hasta lograr el control de ese partido, con el propósito de utilizarlo de acuerdo con sus mezquinos intereses, conformando así una suplantación y un engaño al pueblo de México.

El engaño ha quedado al descubierto, en tanto el grupo de Enrique Peña Nieto, en su ignorancia y sus afanes de lucro, se ha dedicado a destruir las instituciones creadas por la Revolución Mexicana, porque: ¿Qué es lo que han hecho con las industrias más importantes, fundadas conforme a las demandas revolucionarias y a la Constitución, como han sido los casos de Petróleos Mexicanos, de la Comisión Federal de Electricidad, siguiendo el ejemplo de lo ocurrido con los Ferrocarriles Nacionales? De manera similar, el señor Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública, en nombre del presidente, se refirió a las escuelas normales como un monopolio que controla la formación de los maestros, ignorando que esas escuelas fueron creadas por los gobiernos de la Revolución como institución fundamental para la formación de los profesores que habrían de preparar a las generaciones futuras de mexicanos; de la misma manera la escuela rural, instituida por los gobiernos de la Revolución para asegurar la educación a los niños de todas las comunidades del territorio nacional, ha sido atacada por este funcionario, enemigo de la educación pública.

De igual importancia es el vergonzoso fraude electoral cometido contra el pueblo de México en 2012, en el que a diferencia de fraudes anteriores, se sustentó en la compra y prostitución masiva del voto, derecho fundamental de los mexicanos, aprovechando el hambre y la ignorancia del pueblo, a la que se sumó también la compra misma de las autoridades electorales, todo ello con recursos de procedencia ilícita proporcionados por los gobernantes priístas de varias entidades.

La corrupción generalizada a la que ese gigantesco fraude dio lugar llegó así a límites jamás imaginados, que incluyen la rapiña en varios estados, en los que sus gobernantes han dado rienda suelta al crimen y al robo de los recursos públicos, sin freno alguno del gobierno federal y sin que uno solo de esos gobernadores haya recibido castigo por sus delitos, mientras sus cómplices, igualmente corruptos, ostenten hoy diputaciones federales y estatales, otorgadas por ese partido, como premio a sus fechorías.

Cuando los candidatos avalados por un partido nos muestran el nivel de corrupción al que han llegado al lograr esos puestos, es tiempo de que tal partido sea proscrito y sus líderes sean impedidos de por vida a ocupar puestos públicos. Mientras sigamos permitiendo lo que hemos visto durante el actual sexenio, nuestro país estará imposibilitado para defenderse de enemigos externos e internos. Es así como el belicoso gobernante de Estados Unidos, contando con información de sus agencias de inteligencia, sin lugar a dudas conoce todo esto, al igual que otros actos de corrupción en los que ha incurrido Peña Nieto, incluyendo su participación en el crimen de Iguala y la desaparición de 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, cuya investigación ha sido sistemáticamente bloqueada por el mismo gobierno, constituyendo una prueba más de que los crímenes de un gobierno corrupto siempre están ligados unos a otros en una cadena sin fin.

Por todo esto, es claro que el PRI, que alguna vez fue el Partido de la Revolución Mexicana, se ha convertido en un tumor canceroso que debe ser extirpado para restablecer la salud de la nación, como un mensaje claro para la clase política de lo que no debiera suceder más. El artículo 39 de la Constitución nos indica cómo lograrlo.

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