Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 17 de diciembre de 2006 Num: 615


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
El tiempo real
LUIS TOVAR
Un maestro constructor
RICARDO BADA
La Mara de Ramírez Heredia
GERARDO BUSTAMANTE
A la memoria de Rafael Ramírez Heredia
ÓSCAR OLIVA
Versiones de Horacio
RUBÉN BONIFAZ NUÑO
Los chinicuiles, escamoles y lagartijas de Santiago de Anaya
Extranjeros en su Tierra
AGUSTÍN ESCOBAR LEDESMA
A manera de réquiem
JORGE ALBERTO GUDIÑO HERNÁNDEZ
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ

Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

POESÍA
Reseña de Juan Gelman sobre El resplandor de una escritura


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JUAN DOMINGO ARGÜELLES

MIRAS PASAR, TARUMBA, EL RÍO DEL MUNDO


Foto: Fabrizio León/ archivo La Jornada

Hace medio siglo, en 1956, en el número uno de la colección Metáfora apareció Tarumba, de Jaime Sabines (1926-1999), uno de los libros de poesía más memorables de la lírica mexicana. Su editor fue Jesús Arellano.

Tercer poemario de Sabines, que antes había dado a la imprenta Horal (1950) y La señal (1951), Tarumba es uno de los momentos más plenos del coloquialismo lírico. "Es el primer gran poema que hace usted", le dijo Pedro Garfias a su autor.

Dividido en treinta y cuatro cantos y acompañado de un prólogo, Tarumba está precedido de dos epígrafes bíblicos reveladores, uno de los cuales dice: "Sálvanos, oh Dios, salud nuestra:/ Júntanos y líbranos de las gentes."

El tono y los motivos de Tarumba son la reacción del poeta frente al convencionalismo y la monotonía de la existencia. Además de un canto a las cosas elementales y necesarias, todo el poema es un rebelarse contra las formas antipoéticas de vivir.

Desde su arranque mismo, Tarumba es un poema conversacional con el que Jaime Sabines comienza a madurar el tono de lo que será su inconfundible poesía que más tarde nos entregará Diario semanario y poemas en prosa (1961), Yuria (1967), Maltiempo (1972) y, sobre todo, Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1973).

Escribe el poeta en los primeros versos de Tarumba: "Tarumba,/ yo voy con las hormigas/ entre las patas de las moscas./ Yo voy con el suelo, por el viento,/ en los zapatos de los hombres,/ en las pezuñas, las hojas, los papeles;/ voy a donde vas, Tarumba,/ de donde vienes, vengo."

Tarumba, el personaje, es de alguna manera el alter ego de Sabines. Así lo revela en el canto número cuatro: "No sé qué cosa eres,/ cuál es tu nombre verdadero,/ pero podrías ser mi hermano o yo mismo./ Podrías ser también un fantasma,/ o el hijo de un fantasma,/ o el nieto de alguien que no existió nunca./ Porque a veces quiero decirte: Tarumba,/ ¿en dónde estás?"

En 1983, en una entrevista, Sabines reveló a Marco Antonio Campos las motivaciones de este poema extraordinario que escribió en su ciudad natal, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, luego de haber abandonado temporalmente Ciudad de México para dedicarse al comercio: "Me pudría en la tienda... El de comerciante es el oficio más antipoético del mundo. En la parte anterior de la tienda estaba la casa. Allí escribí Tarumba en 1953. Iba a nacer Julio, mi primer hijo. ¿Qué es? ¿Qué significa Tarumba? Es otro personaje. ¿Quién es? Yo mismo no lo sé. Simplemente me gustó por su sonoridad. Años después, leyendo una pieza teatral de Lorca, descubrí la palabra: significaba tarambana, alocado. Pero no sabía eso. Creí que la había inventado, como inventé la palabra Yuria."

Sabines le confesó también a Marco Antonio Campos que Tarumba es, sobre todo, un poema escrito como un acto y un canto de supervivencia, acicateado su autor por la angustia y la desesperación en un ámbito absolutamente prosaico. "Era –le dijo– una protesta y una rebeldía feroz contra el tiempo que estaba viviendo... Tarumba era un grito de desesperación, un afianzarse a la vida y un rechazo a lo que estaba viviendo."

Entre los atributos más memorables del poema están lo mismo la música sostenida y la dignificación del lenguaje cotidiano, que la más intensa sensualidad y la más violenta y sincera imprecación. Tarumba es un poema religioso y blasfemo al mismo tiempo. Entona lo mismo un "¡Aleluya!" y una súplica ("Quiero que me socorras, Señor, de tanta sombra/ que me rodea, de tanta hora que me asfixia") que una queja por "estar sirviendo a la poesía y al diablo".

Y en uno de los pasajes más violentos de esa desesperación el poeta se pregunta: "¿Qué puedo hacer en este remolino/ de imbéciles de buena voluntad?/ ¿Qué puedo con inteligentes podridos/ y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?/ ¿Qué puedo entre los poetas uniformados/ por la academia o por el comunismo?/ ¿Qué, entre vendedores o políticos/ o pastores de almas?/ ¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,/ si no soy santo, ni héroe, ni bandido,/ ni adorador del arte,/ ni boticario,/ ni rebelde?"

Con Tarumba, Jaime Sabines nos mostró un nuevo camino para la poesía.