Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 20 de mayo de 2007 Num: 637

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Presos en todavía
cuento corto y repetitivo

ALEJANDRO MARÍN

Poema
ODYSSEAS ELYTIS

Algo sobre Fanny Rabel
RAQUEL TIBOL

Antonio Gamoneda: la constelación del lenguaje

El exilio fecundo de Gombrowicz
ALEJANDRO MICHELENA

Sorpresa con Hegel
MANUEL JIMÉNEZ REDONDO

Jacques Prévert:
ni santo ni mártir

RODOLFO ALONSO

Columnas:
Galería
RODOLFO ALONSO

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
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Luis Tovar
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El tercer FICA

Estamos en el vestíbulo de los Cinemahorro, sucursal de Cinemark en un pequeño y algo escondido mall sobre la Costera Miguel Alemán en Acapulco. (El nombre le viene bien a ese conjunto de ocho salas, y al país le vendría igual que hubiese muchos Cinemahorros en cada ciudad para que, en vez de abonar a la costumbre insana de ser asaltados con poco menos de cincuenta pesos en taquilla, gustosamente se apoquinaran los quince devaluados con los que ahí se adquiere un boleto.) Faltan poco para que den las seis y media de la tarde, hora en que está programada Luz en el norte, filme holandés de 2006 que este juntapalabras eligió entre las seis opciones que el tercer Festival Internacional de Cine Acapulco proponía a esas alturas de la jornada.

La sala es una de las más grandes del conjunto, lo cual consigue el desazonador efecto de hacer que los menos de veinte espectadores parezcamos aun más escasos. Debemos tener muchas ganas de ver la película dirigida por David Lammers, porque pasan y pasan los minutos, cada uno más denso que el anterior, y nadie se mueve de su butaca. Si al igual que este juntapalabras el resto de los presentes ha estado asistiendo a las funciones del festival, ya sabe que la puntualidad aquí no es norma y nadie se molesta por diez, quince minutos de tardanza. Pero cuando el reloj marca las siete veinticinco y un empleado del Cinemahorro viene a avisar que el primer rollo está al revés y que para arreglarlo tardarán otros quince minutos, Uno pierde la paciencia, se levanta, maldice sin darse cuenta si lo hace en voz baja o de manera bien audible y se larga, para siempre ignorante de al menos dos datos: si finalmente pasaron la película y si era buena.

Pero como no es cosa de quedarse ahí en el vestíbulo mascullando improperios, Uno busca otra opción a tiro y descubre que a las siete comenzó un documental hecho en Colombia –país invitado al festival–; se traga Uno el prurito de jamás ver incompleto un filme, pensando que peor es nada de ahí a las ocho y media o nueve, y entra a la sala, más pequeña que la anterior pero no lo suficiente para que no luzca igualmente vacía, porque de hecho lo está en términos absolutos, lo cual no obsta para que Corazón parezca estar ilustrando el automatismo funambulesco de La invención de Morel: la función ha de darse aunque nadie la vea.

A MEJORAR SE HA DICHO

Cuando Uno ya está dando casi por hecho que en todas las salas ocurre lo mismo o poco menos, es felizmente desmentido por la presencia de un público atento que va saliendo de ver otro documental, del que es difícil decir algo si no se tuvo la fortuna de verlo, porque la ausencia de la ficha correspondiente en el catálogo del festival se suma a las muchas inconsistencias de las que adolece y que, en más de un caso, desalentaron a quien se interesaba en equis filme pero decidió ver alguna otra cosa.

Sirva esta minicrónica para alertar con ánimo constructivo a los organizadores del FICA, para que el entusiasmo y los esfuerzos de Víctor Sotomayor y de su equipo de colaboradores lleguen a donde deben, es decir, a los ojos de un público terriblemente escaso, que por una cantidad de dinero en verdad accesible pudo ver y no vio filmes que con dificultad volverán a ser exhibidos en una plaza como Acapulco, donde el ayuno constante de cualquier otro cine que no sea el estrictamente comercial es parte de una problemática mayor, consistente en la ausencia sempiterna de una oferta cultural digna de ese nombre.

Ya que se organiza el FICA, con una oferta fílmica substancialmente mejor que la del primer evento hace dos años, incluyendo producción reciente de Colombia, parte de Africala –el festival de cine africano recién celebrado en el DF–, así como cintas mexicanas de última hornada que casi de seguro no tendrán mucho recorrido en cartelera; ya que se tiene todo esto, con apoyos estatales, municipales y privados, ¿por qué no promocionarlo, difundirlo, de modo que no vuelvan a suceder las tristezas de la sala casi o totalmente vacía? Ya se sabe que en materia de festivales no hay uno solo perfecto, y que la palabra "desorganización" es la más recurrente en todos los que se celebran, al menos en México, pero a tal obviedad no debe seguirse que este FICA muestre tal cantidad y gravedad de fallas, cuando en realidad no es tan difícil mejorarlo.