Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 12 de abril de 2009 Num: 736

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

De la Edad de Oro a las utopías modernas
MANUEL DURÁN

Sentir lo que otros sienten
ULRIKE PRINZ entrevista con CRISTINA PERI ROSSI

El Museo de Antropología e Historia a revisión
DULCE Ma. LÓPEZ

El tercero
JAVIER SICILIA

Joaquín y Ramón Xirau, hombres en tiempos oscuros
ADRIANA DEL MORAL

Ramón Xirau, ¿poeta o filósofo?
RAÚL OLVERA MIJARES

Ian McEwan: la suma de nuestras emociones
JORGE GUDIÑO

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
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Naief Yehya
naief.yehya@gmail.com

Watchmen: el canibalismo de la cultura pop (II Y ÚLTIMA)

EL TIEMPO

Watchmen significa en inglés vigilantes, y en la novela gráfica del mismo nombre son la segunda generación de superhéroes de una dilapidada sociedad estadunidense y son los herederos de los Minutemen, los héroes enmascarados originales que surgen tras la segunda guerra mundial. Ambos grupos llevan en su nombre la idea del tiempo y los mecanismos de relojería. El flujo temporal es una preocupación fundamental en la obra de Gibbons y Moore, y en el filme de Zach Snyder. La narrativa se presenta hábilmente fragmentada con numerosos flashbacks (y flashbacks dentro de flashbacks), digresiones, pausas y paréntesis temporales. El caso de Jon Osterman (Billy Cudrup), es representativo: su padre era relojero y él pensaba seguir sus pasos. Pero la bomba atómica y la teoría de la relatividad einsteniana lo convencen de la inutilidad de hacer que su hijo dedique su vida a los engranajes y mecanismos de relojería, por lo que lo obliga a estudiar física nuclear. Poco después de titularse, Osterman tiene un accidente en una cámara de radiación (donde se “separan los objetos de sus campos intrínsecos”) y se convierte en el azulérrimo y desnudísimo Dr. Manhattan. Osterman trata de escapar de un destino regido por las manecillas del reloj, pero por culpa del reloj de su nueva novia, Janey Slater, que él ha dejado en dicha cámara, queda transformado en un auténtico superhombre. Aparte de manipular la materia, Dr. Manhattan puede ver el futuro, el presente y al pasado simultáneamente, de manera semejante a como Gibbons y Moore tratan de contar su historia. Por su parte otro héroe, Ozymandias (Matthew Goode), el alter ego del supermillonario Adrian Veidt, “el hombre más inteligente de la tierra”, está obsesionado con la mitología egipcia, en particular con el poder de franquear barreras temporales y la frontera entre la vida y la muerte. La paradoja es que la noción del flujo no lineal del tiempo contradice el espíritu de un filme apocalíptico, que por definición nos conduce hacia el “final de los tiempos” o algo semejante. Pero como dice Manhattan: “Nada termina. Nada termina nunca.”

HUMANIZACIÓN DE LOS SUPERHÉROES

Para el resto de los Watchmen el tiempo ha pasado cruelmente. El gobierno de Nixon, en su quinto período ha prohibido que sigan en el negocio de combatir el crimen. Por lo que todos se han retirado o se han convertido en contratistas gubernamentales, como Manhattan y el Comediante (Jeffrey Dean Morgan). La única excepción es Rorschach (Jackie Earle Haley), quien desde la clandestinidad sigue trabajando como justiciero. Su disfraz es una máscara decorada con manchas de tinta en cambio constante que evocan la prueba sicológica del mismo nombre. Quien lo confronta debe interpretar el misterio de su identidad al someterse a une especie de test exprés. Rorschach evoca tanto a los detectives de film noir, como a los justicieros en el molde de Harry el sucio y Charles Bronson, y tenemos acceso a su turbulencia mental a través de un diario (en off a la Taxi Driver) donde expresa su profundo desprecio por la humanidad y su certeza de que el asesinato del Comediante es parte de una conspiración para aniquilar superhéroes. En su investigación recluta a dos ex colegas: el depresivo con problemas de erección, Nite Owl (Patrick Wilson) y la atormentada Silk Spectre (Malin Akerman), justicieros retirados cuyo reencuentro se convierte en la historia de amor que habrá de redimir no sólo a su gremio, sino a toda la humanidad.

OTRO MUNDO IMPOSIBLEMENTE PARALELO

El mundo paralelo de Watchmen está hundido en el militarismo perverso de la era Kissinger; es un mundo en el que grandes capitalistas deciden el destino de las masas y el gobierno sólo sirve para pelear guerras distantes; es la antítesis de la fantasía de Los Increíbles (Brad Bird, 2004), pero con celebridades de la talla de Andy Warhol, Annie Leibovitz y Truman Capote; es un mundo con paralelos escalofriantes a la pesadilla neoconservadora de Ayn Rand instrumentada por la pandilla Bush-Cheney.

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Ante la inminencia de la invasión soviética a Afganistán, el gobierno de Nixon considera el Holocausto nuclear. Nadie imagina que un poderoso superhéroe tiene su propio plan de paz y armas de destrucción masiva con las que se adelanta a las potencias y sacrifica a una parte de la humanidad para hacerla entrar en razón. Ese desenlace a casi veinte años del 9 de noviembre de 1989, fecha de la caída del Muro de Berlín, enfatiza ominosamente la inutilidad y cruel ingenuidad de la mentalidad de la Guerra fría. Por otro lado, es un apunte irónico al respecto de la ceguera política los salvadores de la humanidad: un superman de piel azul y el “hombre más inteligente del mundo”. No deja de parecer irónico que tanto en el mundo de Watchmen como el nuestro, Afganistán es la zona cero de la era del terror.