Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Suplemento Cultural de La Jornada
Domingo 1 de noviembre de 2015 Num: 1078

Portada

Presentación

Ángel Pahuamba, testigo
de nuestro tiempo

Gaspar Aguilera Díaz

Roa Bárcena y los
cuentos de aparecidos

Edgar Aguilar

La hermosa
monstruosidad
de los insectos

Armando Alanís Pulido

Santa Muerte,
blanca Niña Bonita

Fabrizio Lorusso

Un viajante llamado
Arthur Miller

Ricardo Bada

La reserva ecológica del
Pedregal de la UNAM

Norma Ávila Jiménez

Leer

ARTE y PENSAMIENTO:
Tomar la Palabra
Agustín Ramos
Jornada Virtual
Naief Yehya
Artes Visuales
Germaine Gómez Haro
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Paso a Retirarme
Ana García Bergua
Cabezalcubo
Jorge Moch
Jornada de Poesía
Juan Domingo Argüelles
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx
@JornadaSemanal
La Jornada Semanal

 

Naief Yehya
naief.yehya@gmail.com

Will Eisner, padre espiritual y moral del cómic (I DE II)

"Yo no inventé el cómic"

Hubo un tiempo, no muy remoto, en el que hacer cómics era considerado una actividad frívola. Entonces, hasta los dibujantes de las tiras cómicas más populares y reconocidas de periódico consideraban su trabajo una expresión desechable y superficial, algo que con suerte hacía reír a la gente, pero que al día siguiente de publicadas sólo servía para envolver pescado. Esto vino a cambiar con la pluma y la actitud de Will Eisner (1917-2005), un dibujante y autor prodigioso que, entre otras cosas, hacía la tira The Spirit, que transformó la narrativa del cómic e inventó un lenguaje que inspiró a docenas de autores y dibujantes. A pesar de que Harvey Kurtzman publicó en 1959 su genial novela gráfica Junglebook, muchos consideran que Eisner es el auténtico inventor de ese formato con A Contract With God (1978), no tanto por la extensión del trabajo, sino por su ambición de abordar temas profundos y “adultos”, como el impacto emocional de la muerte de un hijo, el cuestionamiento a la religión y la moral, así como las ambigüedades del deseo. Como dice el legendario editor Denis Kitchen: “En un tiempo en que hacer cómics era considerado una actividad irredimible, entretenimiento para ignorantes y futuros delincuentes, Eisner se atrevió a decir que el cómic era literatura y arte.” Eisner, hijo de judíos vieneses y rumanos, nacido en el barrio de Williamsburg en Brooklyn (aunque de esto él mismo no estaba completamente seguro), siempre se identificó con el Bronx y fue un pionero de la viñeta, quien más de una vez declaró: “Yo no inventé el cómic pero estaba ahí cuando nació.” A pesar de sus enormes aportaciones, Eisner no fue un dibujante de tiempo completo pues tuvo varias aventuras empresariales y además tomaba muy en serio su labor de maestro en la School of Visual Arts.

Bef

Bernardo Fernández Bef, uno de los autores de cómic más importantes e influyentes de México, creador del notable Uncle Bill, comenta: “Eisner es uno de mis héroes. Lo leí de niño, a través de Spirit, que me parece una obra maestra del cómic gringo. A él le debemos la integración del lenguaje cinematográfico en el cómic. Antes de él todo era muy estático. Es pionero en la creación de personajes complejos y además fue de los primeros en impulsar el término de novela gráfica. Sin duda un gran maestro del cómic al que todos los autores contemporáneos le debemos algo.”

Clement

Otro de nuestros grandes del cómics, Edgar Clement, creador de un clásico moderno de la novela gráfica, Operación Bolívar, cuenta: “A mí no me influyó tanto. Leía el Spirit de chavo pero no recuerdo que entonces me hubiera marcado. Sin embargo, cuando Eisner vino a México, su charla me impresionó mucho y hasta la fecha me sirve como estrella polar, incluso para predicar cierta filosofía en mis talleres. Eisner decía que para qué queríamos más superhéroes, que ya había demasiados y que le extrañaba que nosotros no contáramos nuestras propias historias. Nos contó que ese día lo habían llevado a Xochimilco a pasear y vio a varias Marías vendiendo flores o muñecas con sus hijos a cuestas. Y dijo:  ‘A mí me gustaría saber quiénes son esas personas, qué piensan, qué sienten y no veo a nadie contando eso’.”

Portavoz de barrio

Aparte de recorrer una increíble variedad de paisajes, mundos y situaciones Eisner se convirtió en una especie de cronista de la experiencia de la inmigración judía en Nueva York en el período entre guerras. Recuperó con gran dignidad las historias de los tenements, esos edificios de viviendas para familias de bajos recursos que estaban en barrios miserables y que dieron acogida a las oleadas de migrantes que buscaban una vida mejor en “América”. Eisner, como tantos otros, tuvo que sobrevivir a las tensiones raciales, étnicas y culturales de un Nueva York diverso y dividido. Desde entonces, el antisemitismo se volvió una de sus obsesiones y se dedicó a denunciarlo y combatirlo con sus armas: la tinta y el papel. Su último trabajo fue The Plot, en el que expone la estafa del libelo antisemita Los protocolos de los sabios de Sion, de 1902. Resulta interesante que muchos de los inventores del cómic estadunidense eran también hijos de inmigrantes judíos, como Bob Kahn (que se cambió el nombre a Bob Kane) y Bill Finger, coautores de Batman, Jack Kirby, Stan Lee (Los cuatro fantásticos, Hulk, los hombres X, Thor) y el propio Kurtzman (revista Mad). Entre todos los estudios que se han hecho de Eisner destaca el recién publicado Will Eisner: Champion of the Graphic Novel (Abrams, 2015), del expresidente de DC Comics, editor e historiador Paul Levitz, un trabajo que intenta situar su obra en el contexto de su tiempo, así como explicar el valor único de sus aportaciones y su labor como defensor de la novela gráfica.

(Continuará)