Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 8 de junio de 2008 Num: 692

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Entre grulleros te veas
RICARDO GUZMÁN WOLFFER

Poesía trágica
TEÓFILO D. FRANGÓPOULOS

Un oficio que se aprende
EUGENIO FERNÁNDEZ VÁZQUEZ

Fichas para (des)ubicar a Heriberto Yépez
EVODIO ESCALANTE

Diálogo alrededor de Sergéi Esenin
ROBINSON QUINTERO OSSA Y JORGE BUSTAMANTE GARCÍA

Esculturas con Eros
RICARDO VENEGAS Entrevista con CARLOS CAMPOS CAMPOS

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Gordos Margaritos

No cabe duda que el morbo vende. La televisión es la prueba: mientras más morboso el programa, más apetitosas las cuotas de publicidad, avidez desmedida disfrazada de lo que sea, de crasitud de tanto, tanto dinero que se mueve gracias al morbo… y en esta ocasión a la gordura.

Televisa acaba de estrenar hacia mediados de mayo un refrito –¡Cómo!, pero, ¿entonces no es un programa mexicano, inventado por mexicanos, para mexicanos? Sí, chucha cuerera– extranjero, estadunidenese. Un reality show que consiste en poner en competencia a dos equipos de personas mórbidamente obesas, mujeres y hombres empeñados en que, al perder peso, eliminen a los otros contendientes. En inglés se titula The Biggest Looser (El perdedor más grande), pero en la franquicia Azcárraga, con su reconocida mojigatería de siempre adobada de corrección políticamente ridícula, se llama ¿Cuánto quieres perder?

Básicamente el programa original y el mexicano hablan de lo mismo: los gordos divididos en dos equipos, pero que al interior de cada equipo, azuzados por los productores se despedazan mutuamente a mansalva y traición, porque lo que yace al fondo del pozo es la cazuela del arcoiris, el pozole de pepitas de oro que no alcanza, en realidad, ni para una camioneta que pueda, digamos, mover tanto kilogramo corporal: un premio de doscientos cincuenta mil pesos o algo así.

Enmarcado en cortinillas horriblemente melodramáticas y cursis, presuntamente cocinadas para que cada participante aporte “color” con su respectiva personalidad –allí, la “pobre” gordita que quiere salir adelante y exhibe de manera aberrante la enfermedad de su hija pequeña, o el “empresario” rechoncho que quiere retomar las riendas de su vida, pero sale a cuadro haciendo declaraciones odiosas, clasistas, racistas (“…yo no puedo ser gato, ni aunque sea de Angora. […] Mi familia y yo, ahí donde nos ves, somos gente de campo… de campo de golf”)– subyace la prístina hipocresía del discurso de la televisora. Por ejemplo, paradójicamente esteatopígica, Galilea Montijo feliz, agradecida y honrada, como siempre las conductoras de Televisa y TV Azteca, de la maravillosa oportunidad que le brinda “la empresa”, habla de lo bueno que va a ser para la gran familia mexicana ponerse a perder el tiempo con el concurso de bodrios, digo, de marras, de cómo ella y la producción serán algo así como ángeles redentores que rescaten a catorce insensatos del pecado de la gula y la desmesura. Y de pilón cambiarles la vida para bien, y sentencia con esplín de nutrióloga que “es muy triste que seamos el segundo país en el mundo con el mayor índice de obesidad”. Triste no, alarmante, mija. Por su parte, el productor ejecutivo, Javier Williams, pontifica: “Este concepto se adquirió hace dos años y ahora en el marco de la campaña Estar bien, tratará de hacer conciencia de la salud. Vamos a divertirnos, a reír y a gozar, porque esto es un proyecto diferente al original, y porque será en vivo […] queremos atacar la obesidad [y de paso la inteligencia, interpone este obeso columnista] en familia a través de estas catorce historias”. No sé por qué, pero no me creo la salutífera congoja.

Lo que desde luego ninguno de ellos ni de sus contlapaches explica, es la contradicción hiperbólica de que esa campaña de “conciencia de la salud” se inserta en el medio masivo mexicano que más publicita, precisamente, comida chatarra saturada de grasa y sodio, como los productos sobritas, digo, Sabritas, los refrescos embotellados, el pan industrial (Bimbo, recuérdelo el respetable, propiedad del ultraderechista militante Lorenzo Servitje, es dueño de Sabritas, Ricolino, Gamesa y una larga lista de alimentos basura). Lo que tampoco explican es por qué, a diferencia del programa gringo original, el de ellos mete marcas publicitarias todo el tiempo, de almacenes que venden, precisamente, comida chatarra, en fin, que todo el tinglado no es más que, en lugar de una muestra de preocupación por la endeble y adiposa salud del mexicano, un engañito más para tener a la recua pegada al televisor, tragando la pastura que la tele vende. ¿Y cuál será el previsible final de al menos varios de los concursantes? Como rezara aquel estupendo y ya extinto programa cómico, La caravana, lástima, Margaritos. A ver si no les vuelve la compulsión por devorar que suele nacer de tantas modernas frustraciones que sufrimos en este perro mundo, y acaban más cuinos de lo que estaban. Se lo dice este botijón desparramado, que de cosas como ésas sabe harto. Provechito.