Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 26 de julio de 2009 Num: 751

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El lenguaje erótico y lo humano
JUAN MANUEL GARCÍA

La igualdad de los muertos
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ entrevista con JUAN GOYTISOLO

Ricardo Garibay: cómo se escribe la vida
RICARDO VENEGAS

Buscar la aventura
J. M. G LE CLÉZIO

50 aniversario del movimiento ferrocarrilero
AGUSTÍN ESCOBAR LEDESMA

Haruki Murakami: el adolescente que fuimos
JORGE GUDIÑO

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


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Ricardo Garibay. Foto: José Antonio López/ archivo La Jornada

Ricardo Garibay: cómo se escribe la vida

Ricardo Venegas

A una década sin uno de los más polémicos escritores mexicanos, revaloramos en su obra un período decisivo de la vida cultural del país, el México de los años cuarenta. La recuperación del tiempo pasado es primordial en las memorias de Ricardo Garibay, también el ajuste de cuentas con la figura paterna que nos muestra Fuera infancia. ¿Sin esa niñez hubiera sido el mismo escritor? Regresar a los primeros años para aclarar el presente es la misión del escritor. Describe las atmósferas de aquel mundo donde los niños carecen de voluntad propia y se someten a los adultos, y la tristeza es una constante a vencer. Escondido de su padre y rezando un padre nuestro, en algún lugar de la higuera de San Pedro de Los Pinos, vivió el niño Garibay esperando el cese de la furia de su progenitor. Quizá por ello la espiritualidad representó, aunque nunca se concretara, una esperanza ante el temor de un niño. Quizá por ello el recuerdo de aquella experiencia espiritual de la infancia, esa nostalgia de Dios que él mismo describió, se convirtió en una posibilidad de creer en algo más allá de la condición humana, del plano terrenal. Y aquí se sabe que el padre oprime y libera, razón por la que Garibay sostuvo un gran conflicto con su fe, con la figura del padre espiritual. De ahí que la figura femenina emerja como un bálsamo de redención (la figura materna que tanto lo protegió), el amor que no encontró en Dios lo descubrió en las mujeres que amó. No es gratuito subrayar la importancia del estudio de los místicos españoles (Santa Teresa, Fray Luis, San Juan), como tampoco la lectura minuciosa de El Cantar de los Cantares. Los intereses del hidalguense estaban fincados en la recuperación de aquella espiritualidad, en la necesidad de asirse, aunque fuera mediante la razón, al dios de sus padres.

A pesar del sufrimiento en la infancia, hay momentos en los que el escritor se jacta de aquel personaje que hubo de representar, lo cual exhibe los extremos en los cuales transcurre la vida-obra del novelista. Yendo del miedo a la soberbia, Garibay nos muestra los polos de su infancia: el dolor no superado de un niño maltratado y el adulto resentido con la infancia y con el padre que le asignó la vida.

Podemos reprobar la actitud arisca de Garibay hacia sus contemporáneos, pero quien haya leído sus memorias, aun siendo el peor de sus enemigos, podrá medir la sinceridad y la maestría que tuvo para dibujar la vida ordinaria y excepcional de aquellos años.

Hablar del oficio de escribir es abordar la vida de quien, como Garibay, se propuso, a la manera de Alfonso Reyes, trazar el mapa de “su literatura”. El autor de Par de reyes se asumió personaje de su propia ficción. Acompañado de frustraciones y prejuicios inherentes a todo creador, los oficios representan una suerte de preparación vivencial que después llevará a la página en blanco. La astucia del pícaro asoma en sus empeños: harto de protocolos, el autor propone que la vida misma es la mejor maestra, una contradicción más –Octavio Paz asegura en El laberinto de la soledad que el mexicano es contradictorio por naturaleza– en quien siempre aconsejó a los jóvenes estudiar una carrera y terminarla.