Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 28 de marzo de 2010 Num: 786

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Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

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KLITOS KYROU

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ELENA PONIATOWSKA

Simone Weil: una heroína romántica
AUGUSTO ISLA

La poesía sabe hacerese cargo de sí misma
RODRIGO GARCIA LOPES entrevista con MICHAEL McCLURE

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Ana García Bergua

Asomos al vacío

Novelista, guionista de cine, cronista taurina, sindicalista, maestra de escritores, la figura de Josefina Vicens se pierde en una desmemoria que estuvo alimentada por la ausencia de sus dos novelas El libro vacío y Los años falsos en las librerías.

Josefina Vicens: la inminencia de la primera palabra (Ediciones Sin Nombre-Universidad del Claustro de Sor Juana, 2010), de Daniel González Dueñas y Alejandro Toledo, nos acerca a la escritora a través de una entrevista que le realizaron en 1985, tres años antes de su muerte, además de los testimonios de amigos que la conocieron, una carta que le escribió Octavio Paz sobre El libro vacío y dos textos críticos sobre las novelas de Vicens, así como una bibliografía exhaustiva. El resultado, pienso yo, no es tanto un libro de crítica literaria como una invocación de su voz, sus razones, su motor creativo.

De hecho, una de las cosas que más me llamó la atención en este libro fue darme cuenta de que la autora hablaba de una manera muy similar a su modo de escribir. Su plática, por lo que reflejan las entrevistas ahí plasmadas era, sin menoscabar la profundidad, de tono sencillo, sin afectación. En ese ritmo de las palabras con que se explayaba Josefina Vicens queda retratado, como una silueta que se proyecta al fondo de las palabras, el espíritu de José García, el protagonista de El libro vacío.

“Todos tenemos un secreto que nos deleita o nos atormenta”, dice ahí Josefina Vicens. “La vida de José García es como una corriente, pues no voy a dejar caer la balanza sólo en su problema de escribir o no escribir, dejando de lado todo lo que conforma la vida de un ser humano. Esto le permite seguir viviendo, enfrentando su problema de escribir o no escribir. Tiene un problema que ni siquiera es literario. Él necesita escribir. No piensa: ‘voy a hacer literatura'; se dice: ‘voy a expresarme, tengo necesidad de decir algo.' Eso me pasa a mí; si tuviera que contar mi vida exacta, también la llenaría de problemas como ésos de José García. Sería una especie de fruto doloroso, a veces podrido, a veces reluciente, dentro de una vida que rodea a ese problema que a uno lo está cercando constantemente.”

El narrador de El libro vacío guarda una conmovedora afinidad con José García. Ni una coma, ni una duda, traslucen un juicio, un guiño al lector. Algo que nos diga: mira qué hombre tan mediocre, tan simple.

Esta fidelidad al personaje que desesperadamente lucha por encontrar el íncipit, la puerta de entrada a la escritura, es conmovedora y a la vez desesperante: si algo sabemos al comenzar a leer El libro vacío es que el segundo cuaderno de José García nunca se llenará. Entonces, ¿por qué seguimos leyendo? Quizá porque en esa penumbra en la que la escritura se desprende de la pluma reconocemos la intimidad esencial del ser humano, solo consigo mismo y con su vida, la cual no necesita ser especialmente notable para animar la necesidad de la representación, de la creación.

El delicado trasvase entre vida y escritura que realizó Josefina Vicens en El libro vacío, esa parafernalia de la más estrecha intimidad, es su mayor virtud, a la que se añade la naturalidad, la falta de costuras y golpes innecesarios. Esta virtud alcanzó también a Los años falsos, escrita más de veinte años después, y que trata de un joven Luis Alfonso que pierde su identidad por ocupar la de su padre muerto, un político de los que Josefina Vicens llegó a conocer bien en su vida como sindicalista. Alejandro Toledo dice en Josefina Vicens …: “José García busca en la escritura el espejo que devele el tamaño de su deseo; Luis Al fonso encuentra en la realidad un espejo deformante. El libro vacío y Los años falsos, en la luz y en la oscuridad, se detienen ante una inminencia.”

Más que centrarse en la vida de Josefina Vicens –que narra ella misma en una parte de la entrevista, el libro de Toledo y González Dueñas se centra en esta inminencia. Así, quien tenga la curiosidad de saber dónde termina el escritor y comienza el narrador, ese personaje resbaladizo, habitante de una línea de sombra, encontrará en este libro las voces que llevan a la obra de Josefina Vicens, una escritora a la que hay que devolver el lugar central que le corresponde en la literatura mexicana. Josefina Vicens… es un cuaderno que llena, al igual que hace el primer cuaderno de José García con respecto al segundo, al vacío, el hueco que dejó su muerte y el silencio posterior cernido sobre ella.