Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 11 de mayo de 2008 Num: 688

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Un pornógrafo sublime
RAÚL OLVERA MIJARES

Poética
ARIS ALEXANDROU

La batuta de Morricone
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Morricone en Oriente
LEANDRO ARELLANO

Ricardo Martínez:
rigor y poesía

MARCO ANTONIO CAMPOS

Escribir y ser otro
JUAN MANUEL GARCÍA Entrevista con MARIO BELLATIN

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Columnas:
Mujeres Insumisas
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Paso a Retirarme
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Hugo Gutiérrez Vega

DIEZ ASPECTOS DE LA POESÍA DE OCTAVIO PAZ

1. Octavio Paz es fundamentalmente poeta. Aun en sus ensayos, la capacidad de condensación, la precisión de la palabra y la fuerza lírica nos están mostrando al poeta.

2. Se discute ociosamente si Octavio fue un poeta del pensamiento y no un poeta de la emoción. Basta con el momento de Madrid 1937 de Piedra de sol, con el “Nocturno de San Ildefonso” y “Pasado en claro” para demostrar que la emoción más genuina y dolorosa está presente en la poesía de Paz. Recordemos la definición diazmironiana, tal vez un poco pomposa, pero muy eficaz si la ubicamos en su tiempo: “Poesía, pugna sagrada, radioso arcángel de ardiente espada. Tres heroísmos en conjunción: el heroísmo del pensamiento, el heroísmo del sentimiento y el heroísmo de la expresión.”

La filosofía y la poesía se unen en un momento sagrado, o en uno de esos instantes de “música callada”. Tenía razón W. B. Yeats cuando afirmaba que “lo que permanece de la filosofía es lo que se ha poetizado”.

3. Entré al mundo de la poesía de Octavio Paz por la puerta de Libertad bajo palabra y, en particular, por Piedra de sol. Desde entonces seguí sus pasos y admiré y –al mismo tiempo– traté de escapar de su poderosa influencia, del vigor inusitado de sus poemas, de su forma tan personal de decir las cosas, de sus influencias, desde San Juan de la Cruz hasta los surrealistas, perfectamente asimiladas y convertidas en carne de la carne y en sangre de la sangre del poema.

4. Las influencias son muchas y fácilmente localizables, pero, como Juan Ramón Jiménez, cuando le preguntaban qué poetas habían influido en su obra, contestaba: “Toda la poesía universal.”

5. Esa universalidad lo lleva a acercarse a todas las culturas. Su fascinación por Oriente, particularmente India, le entrega las cuentas exactas de “Ladera este”, así como las traducciones de Wang Wei y de otros poetas orientales.

6. Es el gran ordenador de la poesía moderna mexicana. Sus comentarios sobre los Contemporáneos desmitifican y, al mismo tiempo, consagran a ese “grupo sin grupo” que nos llevó a la modernidad y superó nuestro atraso cultural. Su ensayo sobre López Velarde en Cuadrivio, es una rica reflexión sobre un gran poeta y su tiempo histórico. Después de Villaurrutia, es Octavio quien da las opiniones definitivas sobre la poesía de nuestro padre soltero.

7. La poesía de Paz, por una parte, festeja al mundo y los alimentos terrenales y, por otra, anuncia la presencia de la muerte. El Tlatoani de Texcoco y la Edad Media española se asoman detrás de esa vertiente paciana. “Amore e morte ingeneró la sorte”, decía Leopardi. Paz nos dice que somos hombres y duramos poco, pero como el poeta es, a su manera, el profeta de la tribu o el payaso de las bofetadas (Andreiev dixit) un dios desconocido lo deletrea y su estrella brilla en el corazón de la noche.

8. El “Canto a un dios mineral”, de Cuesta, Muerte sin fin, de Gorostiza, “Décima muerte”, de Villaurrutia, “Simbad el varado”, de Owen, “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”, de Jaime Sabines y Piedra de sol, de Octavio Paz son los grandes poemas largos del siglo xx mexicano. Piedra del sol tiene un lazo misterioso que lo une al “Primero sueño”, de Sor Juana Inés de la Cruz , poeta que Octavio estudia con brillantez deslumbradora en Las trampas de la fe.

9. El amor por el silencio (cualidad musical) en Paz dura poco, pues sabe que necesita de la palabra y, por lo tanto, la perfecciona y la enriquece con un estilo personal, con una clara manera de decir las cosas. “En el principio era el verbo”, pero el silencio (“la música callada”, “la soledad sonora”) le son consubstanciales y le imponen las obligaciones de la exactitud y de la perfección. Por eso el conjunto de endecasílabos de Piedra del sol es un milagro poético y uno de los grandes momentos de la lengua. San Juan de la Cruz, Lope, Quevedo, Sor Juana y don Jorge Manrique, muestran sus rostros para ejercer una presencia espiritual en el poema de Paz. Sigo aferrado a la idea de que Piedra del sol es un milagro y, por lo mismo, el poema central de la obra de Octavio.

10. Lo recuerdo: caminábamos juntos, yo con el vestuario de Rappaccini, por los senderos del bosque que rodea la Casa del Lago, hablando de escritores franceses: Martin du Gard, Jules Romains, Giono, Mauriac, Claudel, Duhamel, cuando lo interrumpí para decirle que su única pieza dramática, La hija de Rappaccinni, era un poema en prosa enriquecido por los diálogos. De esa manera, el poeta estaba también en su teatro.

“Dentro, sumergidas, están las palabras y el poeta es un buzo que busca a esos peces fugaces y los hombres comunes sólo náufragos a la deriva.” Esos naufragios forman parte de la aventura –en la que va la vida del poeta– de la poesía. En esta búsqueda nos sigue guiando, a diez años de su viaje, Octavio Paz.

Leámoslo, discutamos con él. Evitemos las petrificaciones, las estatuas con ojos que miran hacia dentro. Está vivo y sus opiniones y sus provocaciones, sus teorías sobre el poema y los poemas mismos, lo mantienen vivo y presente en la cultura mexicana y en la poesía contemporánea del mundo.

jornadasem@jornada.com.mx