Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 1 de noviembre de 2009 Num: 765

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Una vida en la actuación
RICARDO YÁÑEZ entrevista con MARTHA OFELIA GALINDO

Nota de presentación
MARCO ANTONIO CAMPOS

Bonifaz Nuño, universitario de excepción
JUAN RAMÓN DE LA FUENTE

Poema
RUBÉN BONIFAZ NUÑO

(Boceto de) mi trato con Bonifaz Nuño
FERNANDO CURIEL

Rubén Bonifaz Nuño
JUAN GELMAN

Un universitario llamado Rubén Bonifaz Nuño
JORGE CARPIZO

Un universitario paradigmático
DIEGO VALADÉS

Lowry: el que fue volcán
PAUL MEDRANO

Leer

Columnas:
Galería
SALOMÓN DERREZA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

Refranero moreliano (II DE III)

El que no conoce a dios, a cualquier barbón se le hinca. Esto es lo que ha venido sucediendo desde que, hace ya algunos años, el realizador estadunidense Quentin Tarantino accedió a un súbito prestigio sin duda bien ganado pero que, al mismo tiempo y de manera aparentemente inevitable, trajo aparejada una vorágine mediática sin freno posible, que ha hecho de él eso que en los medios electrónicos suelen denominar con el chocante término de “famoso”. En Morelia quedó demostrado, una vez más, que la pleitesía rendida a una celebridad tiende sin remedio a la desmesura, al cambalache inconsciente de prioridades y a la torpe confusión en cuanto a qué es lo verdaderamente importante, si una obra o el autor de la misma. El culto a la personalidad, conducta profundamente arraigada en el ámbito cinematográfico –nacional e internacional–, hizo que al principio del festival, siendo Bastardos sin gloria la cinta que lo inauguraba y estando presente su realizador, el interés girara más en torno a lo que Tarantino hiciera y dijera o dejara de hacer y decir, que a la película misma. De este modo, las opiniones que a este juntapalabras le tocó escuchar en Morelia, acerca de una propuesta fílmica que no hace sino poner de manifiesto las limitaciones de su autor, parecían llevar un tamiz o un velo emanados directamente de dos hechos meramente fortuitos, en estricto sentido extrafílmicos, que por eso mismo no deberían influir: el hecho de que se trataba del estreno de la más reciente obra de un “famoso”, y que éste se encontraba de cuerpo presente.

Deben ser en verdad pocos los asiduos al cine que desconozcan Perros de reserva, Tiempos violentos, Jackie Brown, Cuatro habitaciones y las dos partes de Kill Bill, con lo cual se está mencionando casi completa la filmografía tarantinesca. Quienquiera que haya visto las anteriores puede identificar las constantes, ya anquilosadas y vueltas tics, que salpican a estos Bastardos sin gloria, recursos sin los cuales el director parecería incapaz de contar una historia, la que sea. No es lo mismo atrás que en ancas o, en otras palabras, el despliegue de un estilo a lo largo de una trayectoria creativa no consiste en la repetición de un esquema de probada eficacia, así como el desarrollo de una temática tampoco debiera consistir en la reiteración de ciertos aspectos de la misma –siempre los más espectaculares, siempre tocados epitelialmente–, al grado de dar la impresión de que dan igual el contexto, la época y hasta los personajes, que funcionan sólo de manera decorativa y que podrían haber sido muy otros. En el caso específico de Bastar dos sin gloria, por más licencias históricas que se haya tomado, no pasa de ser una película más de nazis, como dirían algunos; una película más de subgénero bélico, enclichada hasta el tuétano y, desde luego, no una de las más memorables, y finalmente una más de Tarantino, diálogos farragosos de supuesto alto ingenio y violencia gratuita incluidos.

Todo lo cual, desde luego, no es culpa del Festival de Morelia, que cumplió llevando a su alfombra roja a un famoso realmente merecedor de tal apelativo, ya que tal cosa es útil en términos de promoción y, creen algunos, en la búsqueda de estatus frente a otros festivales. Ya nada más falta que quienes siguen confundiendo la celebridad con la importancia, así como quienes ven, hablan de, e incluso hacen cine como si pensaran que esta disciplina comenzó su historia con Perros de reserva, se desembaracen de la tara que implica rendirle culto al primer demiurgo que les toca conocer, habiendo como hay en el Olimpo cinematográfico muchos otros que, para seguir con la metáfora divina, sí valdrían como verdaderos dioses.

La vista del santo hace el milagro. Y su ausencia lo evita, cabe ripostar, pues en este Morelia 2009 hubo al menos, dentro de la sección denominada estrenos internacionales, algunas películas sobresalientes de las que uno quisiera imaginar qué impacto habrían causado si sus realizadores hubieran estado ahí. De Terry Gilliam se exhibió la deliciosamente delirante The imaginarium of Doctor Parnassus; de Jim Jarmusch la sobria y eficacísima Los límites del control, de Ken Loach la cálida y juguetona Looking for Eric; de Ang Lee la más o me nos convencional pero lograda Bienvenido a Woodstock; y de Francis Ford Coppola la en parte decepcionante Tetro, obra muy menor si se toma en cuenta la envidiable filmografía del autor de Rumble Fish, aunque no tanto si se le inscribe en una trayectoria de notables altibajos.

(Continuará)